
Las elecciones municipales están ahí, a la vuelta de la esquina y ante la posibilidad de perder poder y representación, el gobierno de turno alimenta y reordena a sus huestes para administrar, en una campaña de descrédito, las injurias y agravios a los que manifiestan desacuerdos con la vida diaria de nuestra Alcalá.
Antonio J. Vázquez Díaz.
Secretaría de Implantación.
Comité Local Andalucista
A nadie que sepa leer y tenga memoria se le escapa que ya ha empezado todo. Algunos se aplican que, tal y como reza el dicho, en el amor y en la guerra todo vale. Sí, las elecciones municipales están ahí, a la vuelta de la esquina y ante la posibilidad de perder poder y representación, el gobierno de turno alimenta y reordena a sus huestes para administrar, en una campaña de descrédito, las injurias y agravios a los que manifiestan desacuerdos con la vida diaria de nuestra Alcalá, y entre ellos se encuentran inmersos los miembros de la oposición y sus portavoces por supuesto.
Desde hace unas semanas puede observarse como han proliferado columnas, notas de prensa, artículos y opiniones escritas invitando a la resignación por la situación que vive nuestra ciudad, a la conformidad de que las cosas van bien gracias al mandato local socialista que ha logrado, per se, que la imagen alcalareña haya ido mejorando (¡faltaría más en veinte años!), olvidando el sacrificio de los ciudadanos y ciudadanas, el esfuerzo de los y las que la vivimos y habitamos, la generosidad económica y el sufrimiento de interminables obras cuyo objetivo ha sido y será, además, alimentar la soberbia de determinados gestores municipales que escoden su incompetencia en los grandes boatos y escoden su torpeza gestora en las múltiples subvenciones percibidas. Quizás en la diligencia de su economía doméstica la pericia sea más lógica y presta.
La oportunidad de mostrar disconformidad no es ni más ni menos que un derecho democrático para todos y todas, sin tener que determinar afinidad o simpatía por la clase gobernante para hacerlo valer. La libertad de nuestra sociedad nos legitima y la beligerancia dialéctica nos faculta al manifiesto de la divergencia. Lo contrario es característico de otros gobiernos que justifican los programas y proyectos que engendran en el bienestar colectivo sin importar el coste económico, social, patrimonial o medioambiental.
No se trata de mostrar una pasión y el orgullo patrio desaforado de “alcalareño”, del que estoy seguro que cada uno, indistintamente de su afiliación e ideología política, muestra en cualquier situación ensalzando las virtudes y ocultando los defectos (que también los tenemos) de nuestra Alcalá, sino de prestar las palabras al sentimiento de que se puede proceder mejor, de que los problemas pueden tener otras, y quizás mejores soluciones. En definitiva una peculiaridad del pluralismo que tiene que caracterizar cualquier sociedad que se precie.
Lo peculiar y no menos anecdótico es que algunas de esas opiniones vienen firmadas con pseudónimo, característico de momentos históricos en los que la libertad de expresión estaba tan mermada o en circunstancias en las que se tendía que ocultar la verdadera identidad, para resguardar o resguardarse, por problemas personales de conciencia o prestar servicios a otros. Admiro a los que suscriben sus opiniones, ratifican sus creencias, y se manifiestan abiertamente por lo que no tengo que pedir disculpas por diferir….¡sólo ejerzo mi derecho! La diferencia está en que yo sí reconozco no estar en posesión de la verdad y en el respeto a mi antagonista. Y como yo, otros y otras.








